LOS HILOS DE LA MARIONETA

Por Berta López Mendez

Es triste como en una sociedad donde aparentemente tenemos de todo, nos falta todo: la comunicación.

Miro a los jóvenes como los atrapa una perversa sociedad, con videojuegos, películas violentas, el botellón o las drogas de fin de semana. Lo hacen parte de su vida, como si ya fuera algo establecido.

Siempre he sentido una tremenda inquietud por el desajuste social. El gran vacío que se crea, se intenta cubrir con cosas materiales, pero nuestra naturaleza necesita llenarse de valores que hay que recuperar día a día. Para mí el valor principal para un desarrollo físico y emocional es la comprensión por todo lo que nos rodea: lo positivo y lo negativo. Y hacer comprender al joven el camino erróneo. Es nuestro deber como adultos, como padres, estar siempre alerta en esa necesidad primordial de afecto y comunicación constante.

La comprensión a los jóvenes, sus preguntas, sus proyectos, el sentarnos con ellos, que nos digan de sus tristezas, del desencanto que sienten por esta sociedad que cada vez los corrompe más. Quiero citar la frase de un médico, don Pedro Jesús Diaz Alayón, que me dijo: " Si se pudiera condensar e inyectar dósis de amor, la gran mayoría de los médicos nos iríamos al paro ". Eso es motivo para comprender lo necesario que es no dejarnos arrastrar por cualquier programa barato que nos ofrece la televisión, porque nuestros hijos pasan horas y horas detrás de los videojuegos, sin saber lo que ellos piensan. Es responsabilidad de todos los adultos, escucharlos. Si están detrás de la televisión, evadidos, con la mirada perdida, desconectarla y que se comuniquen con nosotros. Siempre es mejor una charla a tiempo, a que nuestra juventud se adormezca en una ilusión, donde los perjudicados vamos a ser todos: adultos y jóvenes. Nunca olvidar esas dósis de amor, de diálogo constante, darles un camino creativo. Es el único remedio que yo contemplo, que es infalible, todo lo demás se convierte en auto-destrucción.

A la juventud no le llena tenerlo todo, a lo material me refiero, le llena un diálogo a tiempo y un abrazo sincero. Es tarea de todos nosotros, de que este remedio innato no se convierta en un silencio, donde cada día pueda ser más silencioso, y no ser las marionetas de una sociedad sin rumbo.